Hoy toca un tema difícil. Los leganenses de aquí a un siglo vivirán instruidos y educados en los conflictos y libertades que conlleva la gestión autónoma de la propia sexualidad y en la administración sabia de los placeres, lo que ya propuso la escuela del Jardín, en los clásicos griegos.
La pansexualidad convivirá con formas románticas como el matrimonio y la pareja. Las realidades virtuales serán una alternativa para los solitarios y la robótica convertirá las muñecas hinchables en articuladas, con bellos ojos y labios como ventosas, los muñecos articulados tendrán piel y músculo regulable por sistemas de aire comprimido, un programa de conversación podrá alternar entre cena romántica, kermés con copa, o noche parda.
Ya funcionan en Japón para fines de información a turistas en estaciones de trenes, autobús y en aeropuertos. Tienen miradas expresivas con parpadeo y, creo, que pelo humano. Están programados por sentimientos afectivos de agrado, dulzura, empatía y sobre todo, diseñados en la cultura del recato, el honor y la vergüenza propia del país. Para evitar el efecto de condescendencia el programa tiene prevista la disensión en 1 de cada cinco puntos de la interacción con el cliente, 2 de cada 5 para ingleses y argentinos.
El menú despegable en mesa hace posible la comunicación en 128 idiomas y 53 dialectos, se incluye el bereber, el latín y el esperanto.
La voz de la azafata, bajo el principio de verosimilitud, incluye el efecto de acento local y emite preguntas retóricas al cliente lo que potencia la sensación de duda y reduce por tanto la de percepción de un mecanismo.
De aquí a un siglo, no existirá el aborto, pues tantos los métodos de concepción como de anticoncepción estarán sujetos a laboratorios con significativos avances y controles, píldoras y diseño genético a la carta. La desconfianza frente a la naturaleza y sus sorpresas dará lugar a tensiones, la objeción de conciencia de colectivos religiosos quedará fuera de la responsabilidad del estado que repercutirá los costes del error natural en clínicas privadas.
En sociedades libres y abiertas la sexualidad sigue siendo un conflicto, un factor complejo de las relaciones, un deseo, e incluso un deber. No digamos en países donde la homosexualidad es una práctica milenaria pero se sigue ahorcando a homosexuales en grúas de obra. Por ejemplo, en la Rusia más homófoba, sólo les parten la cara, en directo, frente a las cámaras y con los antidisturbios fumando. No hay que olvidarse de la gravedad del tema, fuera del marco más civilizado de Occidente.
Pienso ahora en ese libro de Freud que nos deja con regusto amargo, la restricción de placer es necesaria a cambio de una productividad en todos los campos, ya sea en la fábrica o en lo intelectual. Sospechamos que algo de esto ocurre, la perdida de energía, el desvío de la mente, juega en contra de otras actividades mentales, el gran problema de estos tiempos no es tanto cómo administrar el tiempo en el trabajo, en las responsabilidades impuestas, en la necesidad, el problema es cómo administrar el escaso tiempo libre, y cómo dedicarlo al placer, el sexo como uno de los posibles, entendido como comunicación, dedicación, instrucción y experiencia, lujo, si vale la palabra.
Hay placeres alternativos, la mística, la lectura, el ocio, los multicentros, las compras y en los casos mas lamentables la desviación de la líbido hacia el juego, la droga o el alcohol. Que en sociedades libres la sexualidad esté por todas partes, en la publicidad, por todo internet, latente en las conversaciones, no quiere decir que la sexualidad en todo su potencial sea fácil, sigue siendo un misterio, ligado a lo irracional, difícil de gestionar en un matrimonio, la aventura es un potencial deseo humano de romper con la monotonía, con el aburrimiento. Los mejores negocios y por tanto las mafias, lo saben.
¿ Podríamos incluir la renuncia, la pérdida de la líbido entre las patologías modernas. ? La concentración de la mente en lo urgente, subsistir, la ansiedad, el aburrimiento, el exceso de trabajo puede conducir tanto a la renuncia como al desenfreno de afirmarse a través de la conquista, en encuentros divertidos y ligeros, una especie de rebeldía frente a un mundo absurdo. ¡ Y qué bello es el sexo cuando se da como comunicación, como conexión química entre cuerpos y almas !
¿ Podríamos incluir la renuncia, la pérdida de la líbido entre las patologías modernas. ? La concentración de la mente en lo urgente, subsistir, la ansiedad, el aburrimiento, el exceso de trabajo puede conducir tanto a la renuncia como al desenfreno de afirmarse a través de la conquista, en encuentros divertidos y ligeros, una especie de rebeldía frente a un mundo absurdo. ¡ Y qué bello es el sexo cuando se da como comunicación, como conexión química entre cuerpos y almas !
Tenemos ese otro libro más optimista, Eros y Civilización de Marcuse, donde el autor apuesta por estados sociales donde ya no sea necesaria una sexualidad restrictiva. En el cine de Buñuel, el pecado es necesario, es fuente de excitación, perversa o no, sin las cortapisas de la conciencia el sexo sería algo puramente animal.
A Buñuel, no le gustaba nada el beso, por ejemplo, y no recuerdo haber visto una escena suya donde suceda. La sexualidad, en todas sus alternativas y combinaciones entre adultos ha dejado de ser un problema moral grave para, en libertad, ser un problema de facto, en conflicto con el amor, la necesidad material, la pareja, la gestación y el tiempo.
La educación para el placer será otra asignatura de futuro, para que los niños sean hombres y mujeres de provecho pero también realizados en su autonomía, sin traumas, inteligentes a la manera de Epicuro en la búsqueda y la dosificación en los placeres, pues el fin Aristotélico de la felicidad, cabe, como un horizonte ético, para cualquier sociedad, de cualquier época, en cualquier lugar, también en Leganés. (Continuará)
La educación para el placer será otra asignatura de futuro, para que los niños sean hombres y mujeres de provecho pero también realizados en su autonomía, sin traumas, inteligentes a la manera de Epicuro en la búsqueda y la dosificación en los placeres, pues el fin Aristotélico de la felicidad, cabe, como un horizonte ético, para cualquier sociedad, de cualquier época, en cualquier lugar, también en Leganés. (Continuará)


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